El Gobierno regional destaca los avances del Plan Especial del Alto Guadiana como un proceso exitoso
El Gobierno de Castilla La Mancha ha puesto en valor los avances logrados gracias al desarrollo del Plan Especial del Alto Guadiana (PEAG), aprobado en 2008 para revertir la degradación ambiental de los acuíferos y garantizar la sostenibilidad del sector agroalimentario “en uno de los territorios estratégicos de la región”, tal como ha destacado el director general de Desarrollo Rural, José Juan Fernández, durante su participación en el Congreso Nacional de Regantes que ha acogido Ciudad Real esta semana.
En el marco de su ponencia, ‘Plan Especial del Alto Guadiana, un caso de éxito para seguir avanzando’, el director general ha subrayado que desde su aprobación “el PEAG ha supuesto un antes y un después en la gestión de las aguas subterráneas del Alto Guadiana, permitiendo avanzar hacia un modelo más equilibrado entre la protección ambiental y la actividad económica”, un hecho especialmente relevante en un contexto de cambio climático en el que los períodos de sequía son cada vez más prolongados.
El Plan Especial del Alto Guadiana se aprobó por la sobreexplotación de los acuíferos, lo que provocó importantes descensos piezométricos y el consiguiente riesgo para humedales de alto valor ecológico como el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel o las Lagunas de Ruidera. “Las medidas adoptadas con anterioridad no habían logrado frenar el deterioro, lo que hizo imprescindible un planteamiento integral basado en la reordenación de derechos de agua, el control de extracciones y la restauración de los ecosistemas asociados”, ha explicado Fernández.
Los datos técnicos confirman que, en 2009, apenas un año después de la aprobación del PEAG, se alcanzaron los niveles piezométricos más bajos registrados históricamente en el Alto Guadiana, siendo después de este año cuando se inicia un ciclo que permite una recuperación generalizada de los acuíferos, culminando en 2014.
A partir de esa fecha, empezó un periodo seco prolongado que llegó hasta 2025. Durante este ciclo, los niveles piezométricos descendieron, pero con pendientes de descenso sensiblemente inferiores a las registradas en ciclos secos anteriores. “Una evolución que está directamente relacionada con la aplicación progresiva de las medidas del PEAG y con el trabajo desarrollado por las Comunidades de Usuarios de Aguas Subterráneas, la Confederación Hidrográfica del Guadiana y el sector agroalimentario. La mejora del control de las extracciones, la implantación de caudalímetros, la regularización de regadíos con dotaciones ajustadas y la modernización de las explotaciones han contribuido a una gestión más eficiente”, según José Juan Fernández.
Los resultados también se reflejan en los indicadores ambientales ya que “en 2025, el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel alcanzó en torno a 1.100 hectáreas de encharcamiento y, en 2026, se ha llegado a una situación de máxima superficie de inundación”.
“Desde el Gobierno regional sabemos que estos datos no deben interpretarse como la resolución definitiva de los problemas, pero sí como una evidencia de que las medidas puestas en marcha funcionan y de que existe margen para seguir avanzando en la recuperación del Alto Guadiana”, en palabras del director general.
Un proceso compartido e inacabado
El Ejecutivo autonómico destaca que los avances logrados, “pese a la eliminación del Consorcio para el PEAG en 2013 de manera innecesaria e inoportuna, son el resultado del esfuerzo conjunto de todas las partes implicadas”, las Comunidades de Usuarios de Aguas Subterráneas, que han contribuido a mejorar la gobernanza y el conocimiento de las masas de agua; la Confederación Hidrográfica del Guadiana, que ha reforzado los sistemas de información y seguimiento; y el sector agroalimentario, que ha realizado un importante esfuerzo de adaptación, apostando por cultivos menos demandantes de agua y sistemas de riego más eficientes.
“Un ejemplo del esfuerzo de los regantes de la región -ha apuntado el director general- es que en los últimos 15 años se ha incrementado más de un 10% la superficie regada mientras que se ha reducido el consumo total también un 10% gracias al incremento de superficie con riego localizado que actualmente alcanza prácticamente el 70%”. Respecto al Alto Guadiana, representa en torno al 50-52% de la superficie regada total de la región, pero sin embargo la utilización de agua oscila entre el 35% y el 40%, “lo que da una idea de las dotaciones de las que se dispone. Desde 700 m3 por hectárea para leñosos y los 1700-1800 para herbáceos.
Por eso, el Gobierno de Castilla La Mancha defiende que el PEAG “es un proceso exitoso, pero aún inacabado, que debe mantenerse y reforzarse para consolidar los avances logrados”.
En ese sentido, “consideramos imprescindible mantener la vigencia del Plan Especial del Alto Guadiana mientras no se alcancen plenamente los objetivos de la Directiva Marco del Agua. Renunciar a este instrumento supondría debilitar una herramienta normativa que ha demostrado su utilidad para compatibilizar la recuperación ambiental con la sostenibilidad económica y social del territorio”, en palabras del director general.