Uniendo estados

El mandato del quinto Presidente de Estados Unidos América, James Monroe, fue conocido como “la era de los buenos sentimientos”. Este Presidente (1817-1825) también fue recordado por la denominada “Doctrina Monroe” en la que el actual Presidente ha legitimado el secuestro del Presidente (en funciones) de Venezuela y que, desde luego, no parece fundarse en los buenos sentimientos de aquel Presidente James Monroe.

La Doctrina Monroe fue una política exterior destinada a la defensa de la aún débil soberanía de Estados Unidos allá por 1817 y que se resumía en afirmar: “América para los americanos”. Así se trataba de impedir interferencias de la poderosa Europa mediante nuevas colonizaciones. El Presidente Monroe también fue conocido por afirmar que “el conocimiento gobernará para siempre la ignorancia”, frase que no parece haberse tenido en cuenta por el actual Presidente, a la vista de cuánto ama la ignorancia del fervor popular. Como quiera que, desde que el bondadoso Monroe fue Presidente, han pasado bastantes de ellos, su doctrina ha sido corregida, aumentada y puesta al día. Tanto es así que, de la mera defensa de la independencia territorial de Estados Unidos, se ha llegado a la legitimación de que Estados Unidos pueda ejecutar actuaciones como la que ha estrenado el año 2026.

Fue el Presidente Roosvelt quien añadió un toque intimidatorio a la doctrina Monroe afirmando sin ambages: "Habla suavemente y lleva un gran garrote" Ha de tomarse  nota de tan bello y delicado aserto, pero tan solo para la vida diaria en la que, a veces, hablamos suavemente pero sin garrote que nos ampare. El relevante factor de la amenaza constante y presente tras las buenas palabras de la diplomacia internacional, pudo llamarse “garrote” o, por ejemplo, “arsenal nuclear”. Se abandonó así la política de mera prevención iniciada en “la era de los buenos sentimientos” de James Monroe para iniciar otra era con sentimientos no tan buenos.

Al actual Presidente le gusta dar sus gratas noticias “apoyao en el quicio” del Air Force One, (con perdón de doña Concha Piquer) desde donde comunica sus intenciones como si fuera de paso al aseo. En tan singular espacio, el Presidente puede  retorcer la doctrina Monroe hasta vaciarla de contenido y atribuirle un ideario que le es impropio. Y ello es así, porque las políticas de defensa de la independencia de Estados Unidos a principios del siglo XIX, son incompatibles con vulnerar mediante un secuestro el Derecho Internacional vigente. Quizá hayamos presenciado la quiebra del concepto de soberanía nacional entendido como el poder legítimo ejercido sobre un territorio. Esto implica un cambio en el orden político global el cual, dentro de unos años, quisiéramos recordar solo como una anécdota televisiva.