El Peral, el lugar donde Valdepeñas aprendió a vivir con el agua
Hay lugares que forman parte de una ciudad sin estar dentro de ella. Lugares que, aunque se encuentren a unos kilómetros del casco urbano, pertenecen profundamente a su memoria. En Valdepeñas, uno de esos lugares es El Peral.
Hoy podemos acercarnos al paraje para pasear entre árboles, contemplar la antigua Casa de Baños, visitar el Centro de Interpretación o simplemente buscar la sombra junto al agua. Pero basta detenerse un momento para comprender que bajo esta apariencia tranquila se esconde un paisaje extraordinariamente antiguo. El Peral no es solamente un espacio verde ni un antiguo balneario. Es un territorio en el que se superponen la geología, el agua, la agricultura, la arqueología, las órdenes militares, el termalismo, la burguesía del vino y la memoria cotidiana de generaciones de valdepeñeros.
Su historia tampoco comienza en el siglo XIX, cuando las aguas ferruginosas atrajeron a quienes buscaban alivio para sus dolencias. Mucho antes de que existieran los baños, las ventas, los paseos y las huertas, el agua y las características geológicas de este territorio ya habían convertido El Peral en un lugar privilegiado para la presencia humana.
El propio estudio de los Baños del Peral publicado por Concepción Moya García y Carlos Fernández-Pacheco señala que el paraje aparece documentado ya en el siglo XIII y que la importancia de sus fuentes y de sus aguas contribuyó a convertirlo en un espacio disputado y relacionado con los límites de las órdenes militares.
Pero para entender por qué El Peral llegó a ser lo que conocemos hoy hay que comenzar mucho antes.
Un paisaje construido por la piedra y el agua
Valdepeñas se encuentra en un territorio geológicamente singular, dentro del ámbito del Campo de Calatrava. La presencia del vulcanismo ha dejado una huella profunda en el paisaje y ayuda a explicar algunas de las características de las aguas del territorio.
En El Peral, la relación entre las aguas subterráneas, las rocas y la actividad geológica de la comarca constituye uno de los elementos esenciales de su identidad. Las aguas ferruginosas y carbonatadas que históricamente brotaron en el paraje fueron conocidas popularmente como aguas agrias. Su composición y sus características terminaron convirtiéndolas en el fundamento de una tradición balnearia que se prolongó durante generaciones.
Los estudios hidrogeológicos realizados en época contemporánea han vuelto a poner de manifiesto la singularidad del recurso. El Ayuntamiento de Valdepeñas señala que las investigaciones desarrolladas desde 2003 permitieron localizar aguas de naturaleza y composición semejantes a las de los antiguos manantiales. Posteriormente, uno de los 2 sondeos, el S-1, obtuvo en 2011 la declaración de condición minero-medicinal con fines terapéuticos y para uso tópico.
Según la información municipal derivada de aquellos estudios, las aguas realizan un largo recorrido subterráneo antes de alcanzar la superficie y adquieren características relacionadas con la temperatura, la presión, el contacto con minerales y la presencia de gas carbónico.
Así se entiende mejor una de las paradojas más hermosas de El Peral: en una tierra que la tradición popular ha identificado tantas veces con la sequedad manchega, el agua ha sido precisamente uno de los elementos que más profundamente han marcado su historia.
Mucho antes de los baños
La arqueología demuestra que El Peral no nació con el balneario.
En la Sierra del Peral y en sus alrededores se han documentado asentamientos de la Edad del Bronce. El estudio de Moya García y Fernández-Pacheco señala la existencia de asentamientos del Bronce Medio en la sierra, aunque posteriormente algunos de estos enclaves perdieron importancia frente a otros núcleos, entre ellos el Cerro de las Cabezas.
El agua y el relieve debieron desempeñar entonces un papel fundamental. Las elevaciones permitían controlar visualmente el territorio, mientras que las fuentes y los cursos de agua proporcionaban un recurso indispensable para las comunidades humanas y para sus animales.
La historia de la Mancha prehistórica está íntimamente relacionada con la necesidad de controlar el agua. Las investigaciones sobre la Edad del Bronce manchega han demostrado la importancia de las llamadas motillas, asentamientos fortificados relacionados con la captación y protección de recursos hídricos. No todos los asentamientos del territorio responden exactamente al mismo modelo, pero el fenómeno ayuda a comprender hasta qué punto el agua podía determinar la organización de las comunidades.
El Peral se encontraba en ese paisaje de recursos, caminos y asentamientos.
Y la ocupación no desapareció posteriormente.
Las investigaciones arqueológicas citadas por Moya y Fernández-Pacheco han documentado también evidencias de presencia ibérica y romana. Entre los hallazgos se encuentran materiales funerarios y objetos relacionados con la vida cotidiana, además de elementos que permiten pensar en la existencia de actividades agrícolas y de transformación de productos.
Lo que durante mucho tiempo pudo parecer simplemente un paraje natural empieza así a revelarse como un paisaje arqueológico.
El vino llegó antes que el balneario
Si algo define la historia económica de Valdepeñas es el vino. Y la arqueología reciente demuestra que la relación entre el territorio y la producción vitivinícola tiene una profundidad mucho mayor de la que podría sugerir la imagen contemporánea de la Ciudad del Vino.
Uno de los descubrimientos más importantes de los últimos años se encuentra precisamente en El Peral: una bodega romana perteneciente a una villa datada en los siglos III y IV después de Cristo.
Las campañas arqueológicas desarrolladas en el lugar han permitido conocer progresivamente un complejo de gran interés. En 2023, los trabajos realizados mediante georradar sacaron a la luz las estructuras de unas termas pertenecientes a la villa romana. El hallazgo resulta especialmente significativo porque añade una nueva dimensión a la historia del lugar: en El Peral convivieron la producción agropecuaria, la elaboración del vino y el aprovechamiento del agua mucho antes de que existiera el moderno concepto de balneario.
La arqueología está cambiando, por tanto, nuestra percepción de El Peral.
Ya no debemos imaginarlo únicamente como un lugar que adquirió importancia en el siglo XIX gracias a sus aguas medicinales. El paisaje romano demuestra que siglos antes existía allí una explotación organizada del territorio y que el agua formaba parte de una realidad económica y social mucho más amplia.
Y las investigaciones no se han detenido. El Ayuntamiento ha continuado estudiando el conjunto arqueológico, con nuevas campañas destinadas a conocer tanto la bodega romana como su ámbito residencial. En 2024 y 2025 se han anunciado nuevas investigaciones y hallazgos relacionados con este complejo.
Es posible que todavía no conozcamos toda la historia que se encuentra bajo los campos de El Peral.
Una frontera en la Edad Media
Después del mundo romano, el territorio volvió a experimentar profundas transformaciones.
Durante la Edad Media, El Peral adquirió una importancia que no dependía únicamente de sus recursos naturales. El agua y el territorio se convirtieron también en cuestiones de poder.
La documentación medieval permite relacionar el paraje con los límites territoriales de las órdenes militares. Moya y Fernández-Pacheco señalan que el lugar aparece documentado en el siglo XIII y que sus fuentes llegaron a constituir un espacio de interés como límite entre territorios pertenecientes a diferentes órdenes.
La tradición documental relacionada con la denominada Fuente del Porto de Perales resulta especialmente reveladora. El agua no era solamente un recurso natural: era un bien que había que delimitar, proteger y repartir. La existencia de conflictos y pleitos por su 4 aprovechamiento muestra que una fuente podía tener una importancia política y económica extraordinaria.
En una sociedad medieval, donde el agua era indispensable para personas, animales y cultivos, controlar una fuente significaba controlar una parte del territorio.
El Peral se encontraba precisamente en ese cruce entre caminos, jurisdicciones y recursos.
Por eso, cuando hoy recorremos el paraje, estamos caminando también por un paisaje de frontera. Una frontera que no siempre fue una línea visible sobre el terreno, sino una realidad jurídica que condicionaba la utilización de las aguas, los pastos y los caminos.
El agua como medicina
Con el paso de los siglos, el significado del agua de El Peral fue cambiando.
Lo que durante generaciones había sido un recurso natural se convirtió progresivamente en un recurso terapéutico. Los baños aparecen documentados históricamente antes de la gran expansión del termalismo decimonónico. El estudio académico dedicado al paraje señala la existencia de instalaciones de baños en el siglo XVIII, posteriormente destruidas durante la Guerra de la Independencia y sustituidas por nuevas instalaciones a mediados del siglo XIX.
El siglo XIX convirtió El Peral en uno de los lugares de recreo más singulares de Valdepeñas y de los pueblos de su entorno.
La antigua Casa de Baños se convirtió en el centro de una actividad que combinaba salud, ocio y sociabilidad. Las aguas agrias o ferruginosas eran utilizadas con fines terapéuticos y el lugar comenzó a recibir a personas que acudían a tomar los baños.
La arquitectura del balneario formaba parte de ese nuevo paisaje. El edificio histórico que hoy conocemos es el resultado de aquella transformación decimonónica. Las fuentes municipales señalan que la Casa de Baños estuvo en funcionamiento desde el primer tercio del siglo XIX hasta principios del siglo XX, aprovechando el manantial de aguas agrias o ferruginosas.
El lugar llegó a contar con diferentes espacios de baño. La memoria conservada en el actual Centro de Interpretación recuerda tres piscinas históricas: El Arca, donde brotaba el manantial; La Esperanza, utilizada por mujeres y niños; y el baño de San Francisco, destinado a los hombres.
Aquellas piscinas son mucho más que restos arquitectónicos. Permiten imaginar una sociedad en la que acudir a un baño medicinal constituía una experiencia que mezclaba las necesidades de salud con el ocio y la vida social.
El Peral y la burguesía del vino
El esplendor de los Baños del Peral coincidió con una etapa de profunda transformación de Valdepeñas.
La expansión de la viticultura, el comercio del vino y el crecimiento de una burguesía local modificaron la economía y la sociedad de la ciudad. El Peral quedó integrado en ese nuevo mundo.
Las huertas, los paseos, las ventas y las instalaciones de los baños fueron convirtiendo el paraje en un lugar de encuentro. La visita ya no tenía necesariamente que estar relacionada con una enfermedad. Se podía acudir para tomar las aguas, pero también para pasear, descansar, relacionarse y disfrutar de un paisaje que la tradición local convirtió en uno de los grandes lugares de esparcimiento de Valdepeñas y de poblaciones próximas.
Una guía ecoturística de la provincia destaca precisamente esta tradición y presenta El Peral como una de las zonas de esparcimiento históricas de Valdepeñas y de localidades cercanas como La Membrilla y La Solana. También recuerda la existencia de antiguas zonas boscosas de ribera, paseos arbolados y árboles centenarios que todavía forman parte de la imagen del paraje.
El paisaje que hoy vemos, por tanto, tampoco es completamente natural. Es el resultado de siglos de intervención humana. Árboles, paseos, huertas, norias, fuentes, caminos y edificios forman parte de una misma historia.
Una pequeña sociedad alrededor del agua
La historia de El Peral también puede contarse desde abajo, desde las personas que vivieron y trabajaron allí.
El balneario necesitaba bañeros, trabajadores, comerciantes, transportistas y proveedores. Las ventas y los espacios de recreo generaban actividad económica. Las familias propietarias de tierras y bodegas encontraron en el paraje un espacio de inversión y de prestigio social.
Entre las familias vinculadas tradicionalmente al entorno aparece la conocida como familia “Cachiporro”, relacionada con la burguesía local, la propiedad y la actividad vinícola. Esta memoria familiar forma parte de la historia social de El Peral y merece ser estudiada a través de documentación notarial, padrones, protocolos y archivos municipales para reconstruir con precisión el papel desempeñado por cada una de las familias.
Porque la historia de un lugar no está hecha solamente de grandes acontecimientos. También la construyen quienes abrieron una venta, cultivaron una huerta, atendieron un baño, transportaron visitantes, vendieron vino o simplemente acudieron allí los domingos.
El declive de los baños
Como ocurrió con muchos otros establecimientos termales españoles, el siglo XX trajo cambios que terminaron reduciendo la importancia de los baños tradicionales.
El avance de la medicina moderna y de la farmacología modificó profundamente las formas de tratar las enfermedades. El termalismo perdió parte de la función que había 6 desempeñado durante el siglo XIX y los antiguos establecimientos fueron entrando progresivamente en decadencia.
El edificio de los Baños del Peral acabó abandonado y llegó a encontrarse en estado ruinoso.
Pero la historia no terminó ahí.
De balneario abandonado a patrimonio cultural
Uno de los grandes cambios recientes en El Peral ha sido la recuperación de la antigua Casa de Baños.
El edificio fue restaurado y transformado en Centro de Interpretación del Agua. El Ayuntamiento señala que la primera musealización se realizó en 2008 y que posteriormente se renovaron los contenidos para dar mayor protagonismo a la historia del inmueble y de los antiguos baños.
La recuperación ha permitido que el edificio vuelva a cumplir una función pública, aunque completamente diferente de la que tuvo en el siglo XIX.
Ya no recibe a los antiguos bañistas que acudían buscando remedio para sus dolencias. Recibe visitantes interesados en comprender la historia del agua, del paisaje y de la propia Valdepeñas.
El Centro de Interpretación organiza su discurso alrededor de varias dimensiones: el medio natural, los usos terapéuticos del agua, los hervideros y casas de baños del Campo de Calatrava y la tradición de los baños en Valdepeñas.
La antigua Casa de Baños se ha convertido así en una especie de puerta de entrada a la historia del paraje.
El agua vuelve a ser protagonista
Paradójicamente, en el siglo XXI el agua vuelve a ocupar el centro de la historia de El Peral.
Las investigaciones iniciadas a comienzos de la década de 2000 demostraron la existencia de un recurso hidrogeológico que podía ser estudiado y aprovechado de acuerdo con la legislación moderna. En 2011 se publicó la declaración de condición minero-medicinal para las aguas del sondeo S-1.
El hecho tiene una enorme importancia histórica.
Durante siglos, los habitantes de Valdepeñas conocieron empíricamente las características singulares de aquellas aguas. En el siglo XIX las utilizaron como aguas medicinales. En el siglo XX el interés por ellas disminuyó. Y en el XXI la ciencia y la administración han vuelto a estudiar el recurso desde una perspectiva hidrogeológica y médica.
Es, en cierto modo, la misma historia contada con lenguajes diferentes.
Y todavía queda mucho por descubrir
Quizá lo más interesante de El Peral sea que su historia continúa escribiéndose.
En los últimos años la arqueología ha demostrado que bajo el paisaje que conocemos existen estructuras romanas de considerable interés. El descubrimiento de las termas de la villa romana, anunciado en 2023, añadió una nueva pieza al conjunto.
Posteriormente se han seguido realizando investigaciones sobre la bodega y sobre las zonas residenciales asociadas a ella, y en 2025 se comunicaron nuevos hallazgos, entre ellos un horno y un pozo.
Esto cambia nuestra manera de mirar el lugar.
Cuando un vecino pasea hoy por El Peral, puede estar pasando junto a un edificio romano todavía no excavado. Puede estar caminando por un antiguo camino medieval. Puede encontrarse junto a un manantial cuyo aprovechamiento se documenta desde hace siglos. Puede sentarse bajo un árbol plantado en un momento en que los baños eran uno de los lugares de encuentro de la sociedad valdepeñera.
Todo eso forma parte del mismo paisaje.
El Peral como memoria de Valdepeñas
Hay una tendencia a contar la historia de las ciudades a través de sus monumentos principales. Valdepeñas tiene su iglesia, sus plazas, sus bodegas, sus museos y, naturalmente, el Cerro de las Cabezas. Pero la historia de una ciudad también está escrita fuera de sus calles.
Está escrita en sus caminos, fuentes, tierras de cultivo, sus árboles o en sus antiguos lugares de reunión.
Y en El Peral, quizá más que en ningún otro lugar del término, se puede contemplar esa continuidad.
La Prehistoria está presente en sus asentamientos; el mundo ibérico y romano, en los restos arqueológicos; la Edad Media, en las antiguas delimitaciones territoriales; la época moderna, en la evolución de la propiedad y el aprovechamiento de las aguas; el siglo XIX, en la Casa de Baños y en la sociedad que creció alrededor de ella; y el siglo XXI, en la investigación arqueológica, la recuperación patrimonial y los estudios hidrogeológicos.
El Peral es, por tanto, un archivo abierto.
Un archivo sin estanterías y sin documentos de papel, donde cada piedra, cada fuente, cada camino y cada edificio conserva una parte de la memoria colectiva.
Quizá esa sea la verdadera importancia del paraje. No solamente que conserve un antiguo balneario. No solamente que tenga árboles y agua. No solamente que en sus inmediaciones aparezcan restos romanos.
Su verdadero valor está en que permite comprender la continuidad histórica de Valdepeñas.
Durante miles de años, distintas generaciones llegaron a este mismo territorio atraídas por las mismas razones esenciales: el agua, la tierra, los caminos y la posibilidad de vivir de lo que ofrecía el paisaje.
Los hombres y mujeres cambiaron. Cambiaron las culturas, las leyes, las religiones, las formas de producir y las maneras de entender la salud. Pero El Peral permaneció.
Y quizá por eso, cuando se camina hoy por sus senderos, resulta fácil tener la sensación de que el pasado no está realmente detrás de nosotros.
Está debajo de nuestros pies.
Bibliografía y fuentes
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Ayuntamiento de Valdepeñas. «Unas termas, último hallazgo arqueológico de la bodega romana de El Peral en Valdepeñas» (24 de octubre de 2023). Información sobre el descubrimiento mediante georradar de las termas pertenecientes a la villa romana de los siglos III y IV d. C.
Ayuntamiento de Valdepeñas. Archivo de noticias sobre El Peral. Información sobre las campañas arqueológicas desarrolladas en 2022-2025 y las nuevas investigaciones del complejo romano.
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