Los proscritos

“Por decreto de los ángeles y por el mandato de los hombres santos, nosotros condenamos y maldecimos a Baruch de Espinoza” así comenzaba el Decreto, llamado Herem con el que la comunidad rabínica de Amsterdam en 1656 excomulgó al joven y genial filósofo Baruch Spinoza. La condena a la muerte civil se impuso por el delito de realizar “actos monstruosos” y “herejías horribles” y su familia y amigos fueron obligados a practicar el ostracismo contra él. No se sabe cuáles fueron los actos horribles distintos de pensar distinto. Sin embargo, a pesar del aislamiento, Spinoza es uno de los principales referentes de la Filosofía europea. Sus amigos publicaron su obra filosófica.

El régimen de Mussolini recluyó al filósofo italiano Antonio Gramsci por su ideología marxista. Afirmó que “la política consiste en una batalla intelectual, cultural y moral que disputa el sentido común” Actualmente, esta creencia habría sido calificada como ingenua, pero no fue precisamente su inocencia lo que incomodó al régimen fascista sino la tenacidad de quien puede escribir cerca de tres mil páginas en una cárcel inmunda con serios problemas de salud. No vio publicados sus Cuadernos de cárcel los cuales fueron salvados de la censura por su familia para su posterior publicación.

El escritor ruso Alexander Solzhenitsyn escribió en la clandestinidad su obra Archipiélago Gulag. El KGB detectó una carta suya en la que criticaba a Stalin por lo que pasó ocho años en los campos de prisioneros soviéticos. Describió el horror de los campos de trabajo en la unión soviética organizados por la Dirección General de Campos y Colonias de Trabajo Correccional, conocido como el Gulag. Aun así, cuando el escritor visitó España y expuso su oposición al totalitarismo soviético fue vilipendiado por su falta de compromiso.

El teólogo italiano Giordano Bruno predicaba allá por el año 1575 que el universo era infinito, que no tenía un único centro y estaba lleno de mundos habitados como el nuestro, por lo que fue declarado hereje, proscrito, expulsado de Francia y Alemania. Cuando regresó a Italia, su antiguo profesor lo traicionó y soportó un juicio de ocho años para, finalmente, ser quemado en la hoguera. Todo por decir ante el Tribunal de la Santa Inquisición –a quién se le ocurre– que los planetas giraban alrededor del Sol.

El filósofo Spinoza existió para dejar escrita su obra Ética donde afirma que “nada hay fuera de la geometría de Dios” Antonio Gramsci existió para plantearse qué hace que el poder se mantenga donde está y por qué la masa lo sostiene. Tuvo que existir Solzhenitsyn para testimoniar la aberración del totalitarismo y denunciar la anulación del individuo. Y, tuvo que existir Giordano Bruno para cuestionar verdades de plomo que terminan por no serlo. Es bueno recordarlos a ellos ahora que vivimos tiempos similares a los suyos, no sea que se olvide el poder que posee una sola persona segura de sí.