Esta obra no termina aquí
“Para hacer bien el amor hay que venir al Sur” Rafaella Carrá dixit. Y así lo cantó tantas veces como tuvo a bien sin que José María Íñigo, por ejemplo, se personara en el escenario del Florida Park manifestando: “Discúlpenme, pero esta obra de teatro acaba aquí” La concejal de la Mujer Noelia Rosario Díaz Vaca hizo bien en dimitir después de interrumpir la obra “Ser Mujer” que su concejalía contrató con motivo del Día Internacional de la Mujer. El problema no es que la concejal realizara tan pobre censura, -que también- sino que ella misma escenificó hasta dónde es capaz de llegar cierta clase de políticos para agradar a sus votantes.
Sí ocurrió en 1977 que el hermano de la cantante Paquita Rico pretendió arrojar un vaso de cristal a Rafaela Carrá cuando cantaba la salerosa canción “Fiesta” en el programa dirigido por José María Íñigo. El susodicho hermano entendió que la canción era ofensiva para la patria y para la canción española. Y es que no estaban las cabezas para mucho pensar ni los corazones para mucho comprender. Sin embargo, el citado hermano de la tonadillera Paquita Rico estaba más legitimado para intervenir en la actuación, si es que cupiera tal legitimación, que la concejal en el ejercicio de sus funciones. Y ello es así porque el frustrado agresor formaba parte del público y porque interrumpir una obra de teatro no es función de la edil.
El público manifiesta su opinión pateando en los teatros, aplaudiendo media hora en la ópera, arrojando pañuelos al ruedo, flores al tablao y escupiendo a los cristianos en el circo romano, todo ello, mención aparte de la inefable actuación del público en los partidos de fútbol. Para que el público pueda manifestar su opinión, para bien y para mal, es preciso el respeto a la libertad de creación literaria, artística, científica y técnica, siendo las artes escénicas parte de la creación artística. Así lo regula la Constitución Española como derecho fundamental especialmente protegido. A este respecto, hay que recordar que la Concejal de la Mujer del Ayuntamiento de Collado Villalba juró o prometió su cargo guardando y haciendo guardar la Constitución, actuación que no consiste en guardar cosas ni en ordenar armarios, ni tampoco es una fórmula retórica. Guardar y hacer guardar la Constitución significa conocerla, al menos un poquitín.
Ejercer de madre del público, protegiéndolo de unas presuntas faltas de respeto, implica arrodillarse ante sus votantes, adelantándose a las posibles heridas en su fina piel. Si la Concejal de Collado Villalba se escandaliza ante un mero monólogo feminista, ¿qué hubiera hecho ante una puesta en escena de la compañía la Fura dels Baus, o de Albert Pla, o de Lope de Vega quien también soportó la censura por sus presuntas indecencias? Creíamos que la audacia era el pecado de la juventud, resultando que es la ignorancia. Es el problema de creer en las hadas.