martes. 23.04.2024

Lucha por el poder

En el quehacer político es lógico que exista una lucha por el poder. Una lucha en la que se debe poner toda la fuerza y todo el entusiasmo del que dispongan los partidos. Es legítimo y deseable. De esa lucha depende el éxito de determinados posicionamientos ideológicos y estratégicos. Normal y lícito. Pero algunos lo están confundiendo. Se han situado en una dinámica en la que se confunde lo legítimo y deseable, por lo interesado, indeseable y perjudicial para la propia actividad política. Están sobrepasando los límites escritos y no escritos.

La lucha por el poder debe enmarcarse en el fondo y en las formas. El fondo de la lucha política no puede ser otro que el interés común de los ciudadanos. El desarrollo económico, el empleo, y el bienestar social en todos sus ámbitos. Cada partido tiene sus fórmulas, y puede y debe poner todo su empeño en llevarlas a cabo para conseguir ese interés general. Las formas deben enmarcarse en el respeto y la tolerancia, mediante un diálogo constructivo y de buena convivencia.

Cuando el fondo de esa lucha se sitúa en intereses espurios, en la búsqueda de favorecer ciertos bolsillos, en la defensa de sectores privilegiados; cuando el fondo de la lucha no se hace confesable, la política se enmaraña con las formas más impresentables, que a cada “iluminado” se le va ocurriendo. Es una tendencia populista que se inició en Estados Unidos y que lamentablemente, a sus promotores les dio resultados electorales favorables. Por esa razón se ha contagiado.

Algunos han visto en ello una puerta abierta para su lucha por el poder. Han pensado que así se puede alcanzar el poder. Si dio resultado en Estados Unidos, en Brasil, en Argentina, en Italia… ¿por qué no hacerlo aquí? Cuando tanto se extiende es que pasa algo que no hemos sabido detectar y combatir. El populismo nos invade en el fondo y en las formas. Y ya no es solo culpa de los líderes que se han lanzado sin complejos a esta peligrosa aventura. Son igual de culpables los que se han dejado engañar por los cantos de sirena del populismo y han decidido apoyarlos. Pero cuando se den cuenta de que la lucha por el poder se ha planteado para prostituir el fondo y las formas, será tarde. El daño será irreparable.

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