Resistencia y órdago

En el año 2019, Pedro Sánchez publica un libro, titulado “Manual de resistencia”. Si hoy continuara escribiendo sus memorias tendría que titularlo: “Manual del órdago”. A su capacidad de resistencia, que la demostró con creces en el año 2016, habría que añadir su visión a la hora de lanzar un órdago, que pasará a la historia, como una de las apuestas más valiente, arriesgada y acertada de su carrera. La historia nos ha mostrado que los grandes estadistas se han caracterizado, precisamente, por su capacidad de aguante y por su arrojo con visión de futuro.

Las últimas municipales y autonómicas supusieron un importante retroceso de las fuerzas progresistas. En unos casos porque ganaron los conservadores, y en otros porque se unieron a la ultraderecha para desbancar a los progresistas. No lo digo como reproche. Nada que objetar. Pero era una realidad que se presentaba en el tablero político español. El mapa de España se iba volviendo azul. Y lo peor: quedaba clara la intención de que la derecha y la ultraderecha están decididas a unirse para acabar con las políticas de progreso.

Pues bien: con estos resultados desfavorables para la agenda social del Gobierno, marcando tendencia, y con las encuestas en contra, Pedro Sánchez nos despierta un día con el sorprendente anuncio de que disuelve las Cortes y adelanta las elecciones. Un órdago a la grande. Tanto la derecha como la izquierda se quedaron boquiabiertos. Pero sobre todo cambió el paso al Partido de Núñez Feijóo. Una apuesta destinada a evitar el retroceso de los avances conseguidos. Conclusión: El órdago se ha ganado, pero la partida continúa.

De todos es conocida, la dificultad del Gobierno resultante para llevar a cabo su programa social y territorial. El Gobierno tendrá que trabajar con decisión, buena puntería y mucha explicación. Pero no menos dificultad va a encontrar la oposición. Feijóo deberá entregarse a la no fácil tarea de reconstruir, refundar, un partido que ha sido engullido por la ultraderecha y por las corrientes internas en su propia casa. Tendrá que decidir si continúa por el camino del falaz apocalipsis alentando a las masas descontroladas, o construir por fin, con decisión y personalidad política, un partido liberal, conservador y democristiano europeo. La derecha y España lo necesitan. Lo agradeceremos todos.

 

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