Una visita histórica
Ya me gustaría tener en mi sapiencia estudios de viajes papales a través de la historia. Pero, de lo que sí tengo seguridad es que de todas las que recuerdo, esta ha sido una de las que más me han impactado. ¿Será por mis años? Quizá sea porque la verdad no existe objetivamente; tiene una buena parte de subjetividad; o como decía el filósofo Ortega: «Yo soy, yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo». Discursos filosóficos aparte, voy a lo que iba: La visita a España del papa León XIV, me ha impactado. He seguido con interés sus homilías y discursos.
Y es que la religión, como todo estudio superior, pero al tiempo, del que no podemos separarnos, porque afecta muy directamente a la vida de las personas, tiene su parte irreal, y su parte real; su parte irracional y su parte racional; tiene una faceta que afecta solo a las creencias, a la fe, y otra más real que afecta a lo que se ve, a lo que se palpa. No descubro nada nuevo; está en la esencia de nuestra religión: “Amarás a Dios y al prójimo” Y ahí es donde yo quiero llegar, para saber entender mejor el mensaje que nos ha dejado el Papa durante esta visita. Solo quiero sencillamente, transmitir mi impresión, y mi respeto absoluto por cualquier otra interpretación.
Me ha parecido, que León XIV, ha venido a España con un mensaje más cargado de ese aspecto real y humano, y que ha venido a lanzarlo en el momento más oportuno. No ha venido a convencernos de que Dios existe; quizá lo de por descontado en un país de mayoría católica; no sé por qué, pero ha venido haciendo frente, con claridad y valentía, de los problemas que acechan a una sociedad descontenta, disconforme, desorientada. Ha venido a decirnos que el amor al prójimo es indispensable para que la colectividad funcione avanzando en armonía, en convivencia solidaria.
Ha venido a decirnos que, Dios y el amor, están en el diferente, en el amigo, en el hijo, en el padre, en el compañero, en el político. Ha puesto el dedo en los dos problemas que, si no sabemos afrontarlos con amor al prójimo, entraremos en decadencia. Al poder público le ha dicho que trabaje para lo que está, dialogando y “sin mensajes hirientes”. Y a todos, que la inmigración es una cuestión grave si no sabemos acogerla con los brazos abiertos. Y ha venido a que sepamos que la guerra es el daño más injusto y más cruel que pueden sufrir los inocentes. Esa es la impresión que me ha quedado, porque, me parece que ha sabido poner el dedo, con claridad y valentía en la mismísima herida.
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