jueves. 12.02.2026

La nueva censura

Y un día un escritor deja de escribir una opinión. La presión social invita a no transgredir la frontera de lo políticamente correcto. Y entonces, es precisamente la frontera de la corrección la que avanza terreno, estrechando los límites de la libertad de expresión. Poco a poco, hay expresiones que son consideradas ofensivas y entonces surge el uso de perífrasis sustitutivas de las palabras prohibidas. La economía del lenguaje se sacrifica por la presunta corrección ética de las ideas. La coacción de la corrección provoca la facilidad de ofensa, a veces, inventándose una. La ofensa inventada facilita la victimización; la victimización facilita la ira y la ira legitima para perpetrar ofensas que suben el primer peldaño de la violencia.

El lenguaje comienza a cambiar y si cambia el lenguaje cambia el pensamiento. Si el límite de la libertad de expresión se ha ido estrechando, también se estrecha la libertad de pensamiento. Y es entonces cuando hay que dejar de utilizar eufemismos y denominar al fenómeno por el sustantivo correspondiente: censura.

La censura ha cambiado el formato, pero no el fondo ni el resultado. Mientras estuvo vigente el Servicio Nacional de Propaganda en el régimen franquista, se examinaba previamente todo aquello que se pretendía publicar, para después emitir la correspondiente autorización administrativa. Ahora, la censura también actúa con carácter previo y es igualmente coercitiva expresándose en modo de escándalo y de señalamiento ante el escritor incorrecto. La censura actual es tan eficaz que ha conseguido lo que la famosa marca sueca de muebles, que nos autocensuremos nosotros mismos.

La censura franquista consiguió que los escritores hablaran de la belleza del paisaje, de amoríos de cupletistas, de la caída de las hojas, de los ambientes costumbristas en patios andaluces y de floridas procesiones. Y, mucho nos tememos que acabaremos tratando igual temática pero revisada y puesta al día. O sea, los escritores tratarán, si no lo hacen ya, de las constelaciones familiares y de los vaivenes y trajines del karma. Los más complacientes cumplen con su secta reescribiendo la historia según para quién.

La revista La Codorniz nació como medio de comunicación que caminó por el filo de la censura a través del ingenio. Sufrió numerosos expedientes administrativos de censura, secuestros de la publicación y suspensión de la misma, hasta su último número en 1978. La revista Hermano Lobo, duró solo cuatro años en el tardofranquismo y también sufrió censura y secuestro de la publicación. Si esos escritores (escritoras había pocas) sobrevivieron, los demás también sobrevivirán. Para ello y ante las enérgicas protestas por nuestra incorreción, recordamos a Rhett Butler, interpretado por Clark Gable en la película Lo que el viento se Llevó cuando le dice a Scarlett : “Francamente, querida, me importa un comino "

La nueva censura