“No es solo el color. Es el aroma de esas frutas en sazón y también la terneza azucarada bajo su piel. Sí, la madurez te atrae con ese aleteo fugaz que se entrevera con el pálpito frágil de tus alas. Necesitas el néctar de las flores, la savia ámbar que derraman los almendros, la jugosidad de las ciruelas, el durazno y las peras bergamota, el dulzor púrpura tras el envero de la uva cencibel, el agua intacta de los nacederos, el aire tímido del comienzo del otoño.
No es solo el color. No es solo el aroma. No es solo la granazón de tu alimento. Necesitas el temblor de los pétalos, el retroceso del hormigón y del asfalto, el olvido de los plaguicidas, la comunión entre un aire limpio y la arcilla ancestral de la tierra. Necesitas la pulcritud del agua en sus arroyos, ese equilibrio entre la naturaleza que fertilizas y la insolencia sintética propiciada por los hombres.
No es solo el color, ni el aroma, ni la madurez nutricia de las frutas. Necesitas nuestro compromiso, no será difícil conseguirlo, tenemos tanto que agradecerte.... El aprecio no se regala, no se vende, no se adultera. El respeto —bien lo sabes, mariposa de estío— se adquiere con todo lo que de sutil alberga la belleza sanadora de tus alas”.
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“Lo vivo: equilibrios inestables” es el título de la exposición de pintura que podemos contemplar en el centro cultural “La Confianza” de Valdepeñas hasta el 29 de mayo de 2026. Si la naturaleza se pudiera enclaustrar en recipientes estancos, la obra de Gloria Carnero se podría dividir en secciones denominadas agua, aire y tierra, pero es ella misma la que establece en sus óleos y acrílicos las necesarias relaciones con que los seres vivos conforman hábitats, biocenosis y ecosistemas. El aire, espacio vital de las mariposas, gravita sobre el agua, espacio vital de las libélulas y los peces, y también sobre la tierra, espacio vital de los escarabajos, las hormigas y el saltamontes. Pero estos tres componentes abióticos coexisten en equilibrio para albergar unas comunidades de plantas, insectos y seres acuáticos que constituyen la entraña, el pulso de esta exposición. Una muestra donde la estética, el color, las formas y el espíritu conservacionista realzan un mensaje de optimismo, pero también de preocupación medioambiental. Hay un contraste intenso entre el realismo con que la autora realza la anatomía de mariposas, libélulas, peces y coleópteros y la composición impresionista de frutas, hortalizas, cortezas arbóreas, paisajes y algas marinas. Es la mirada de la autora la que, en una aleación de luz, técnica y experiencia, ensaya texturas, perfiles y trazados para lograr obras que seducen de inmediato al espectador.
Miguel Delibes apelaba a la ciencia para evitar la pérdida de biodiversidad en nuestros ecosistemas mientras escribía que “Todo está regido por un perfecto equilibrio. La naturaleza, las plantas, los animales, el hombre, toman y dan con una armoniosa ponderación (…) Ésta es la ley del contraste que rige el mundo. Pero al mismo tiempo es la razón de que todo, todo, tenga su sentido en el universo.” Creo que la esencia de esta cita del escritor vallisoletano —miembro de la RAE, Premio Nacional de Narrativa y Premio Miguel de Cervantes, entre otros— está delicadamente expresada en las obras que Gloria Carnero nos presenta en esta magnífica exposición.
