domingo. 21.04.2024

Detrás del espejo negro

 “Estuve un rato mirando tu página, mirando tu hermosa foto. Me asombró la increíble belleza con la que Dios te creó” dijo Edward, novio virtual de Ángeles o de Amelia. Las dos hermanas asesinadas en Morata de Tajuña fueron víctimas de la nauseabunda estafa amorosa que penetró en las necesidades afectivas de dos personas solas ante una pantalla. Y ese es el problema: la soledad.

Cualquier pantalla es tan solo un trozo de vidrio sujeto con plástico o metal. Una vez conectada la pantalla tan solo arroja pequeños grafismos e imágenes más o menos parecidas a la realidad. Pero nada, absolutamente nada de lo que se dibuja en una pantalla negra es real y con ello, queremos decir, que ni siquiera los datos son reales. Todo es una combinación en sistema binario en un lenguaje simple que solo sabe decir `sí´ y `no´. Solo es luz proyectada.

No es cierto que whatssApp pueda comprimir la complejidad de una persona en un perfil y un estado. No es cierto que la felicidad ponga morritos a diestro y siniestro tal y como ocurre en Facebook o Instagram. No es cierto que la cámara capte un segundo de felicidad, sino que, al contrario, escenificamos la felicidad para agradar a la cámara. No es cierto que en los primeros veintitrés años del siglo XXI hayan podido proliferar más filósofos y pensadores que en toda la Historia de la Filosofía y que, además puedan analizar la realidad sin tiempo para pensar. Aquello que Inmanuel Kant tardó una vida en pensar, lo regurgita cualquier twitero en medio minuto.

Y, no es cierto que Antoine de Saint-Exupéry fuera tan imbécil. En este asunto ha de hacerse especial hincapié: en el libro El Principito no constan la mayoría de las frases que se le imputan. Ni Gabriel García Márquez pensó jamás en perpetrar frases nacidas del más empalagoso pensamiento positivo.

Pero hablábamos de soledad y de espejos negros. Las hermanas Ángeles y Amelia alimentaban sus vidas tan solo con grafismos de irrealidad. Navegaban en la Nada coloreada y envuelta en los celofanes que ellas mismas -todos nosotros- elegimos en cada golpe de `intro´. Detrás de cada conversación había un sórdido internet profundo que regala miguitas a los pájaros antes de cazarlos. Son esas miguitas envenenadas que la Red nos arroja como si fuera pienso compuesto y que nosotros consumimos gustosamente.

Sin embargo, sólo se trataba de contactar con la vida real y disfrutar del tacto de la tierra entre las manos; el aire libre en los brazos; la luz de las tardes. Comer en paz; leer despacio, caminar, cantar... Solo se trata de abrazar la realidad y apagar los espejos negros que nos reclaman incesantemente. En la serie Black Mirror (Espejo Negro, 2011), se afirma “la tecnología es un espejo, pero ¿quién mira a quién?”

Detrás del espejo negro