miércoles. 10.06.2026

La Visita

La reciente visita del papa León XIV a España ha supuesto una revisión y puesta al día del estado de religiosidad del Estado Español. Es muy frecuente la confusión entre Estado aconfesional y Estado laico, resultando que hay quienes aseguran taxativamente que España es un Estado laico. Quizá se trate de la expresión de un deseo más que de la constatación de una realidad.

La Constitución española establece en su artículo 16.3 que “ninguna confesión tendrá el carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y demás confesiones” Un Estado laico es aquel en que la religión, sus manifestaciones, sus simbolismos y sus instituciones deben quedar excluidos de la vida pública. En consecuencia, en un Estado laico, la enseñanza pública tanto infantil como secundaria y universitaria, debe mantenerse fuera de cualquier adoctrinamiento religioso. Esto no ocurre en España. Véanse si no las procesiones como una manifestación religiosa que paraliza un país, al parecer, gustoso de paralizarse a sí mismo.

España es un estado aconfesional porque no acoge ninguna religión como oficial, pero sí contempla el hecho religioso y nombra a la Iglesia católica y a las demás confesiones. Es significativo que, si la Constitución se publicó el 29 de diciembre de 1978, apenas unos días después, el día 3 de enero de 1979, España firmó el primer Tratado Internacional como es el Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede sobre asuntos económicos. A la vista de la inmediatez entre una norma y otra cabe pensar que Constitución y Acuerdo con la Santa Sede se estaban negociando y redactando simultáneamente.

El Presidente del Gobierno ha asistido a la eucaristía celebrada en Barcelona el 10 de junio, la familia real ha asistido a la misa del Corpus Christi en Madrid y, en fin, las autoridades españolas no han mantenido distancia con la religión, tal y como sería esperable en un estado laico. Por lo tanto, el papa León XIV ha sido recibido como algo más que un Jefe de Estado.

Cuestión distinta son las interpretaciones que las fuerzas políticas han realizado de las palabras del Pontífice. Siendo el discurso único y claro resulta que, mediante una extraña jeringonza dialéctica, muchas fuerzas políticas afirman que el papa ha dicho justamente lo que ellos piensan. Mucho nos tememos que, aunque la Constitución proclamara un tajante laicismo, hubieran ido a misa en tropel a la vista de los grandes beneficios que reporta posar junto a León XIV. Las manifestaciones religiosas poseen tanta pasión que resulta difícil no patrimonializar su éxito políticamente. Después del evento, cuando el papá esté en Castel Gandolfo, a ver quién defiende que en las escuelas no se dediquen horas lectivas a la enseñanza religiosa.

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