lunes. 23.03.2026

El niño rico

No me acuerdo si era un cuento, una novela, o una película. Pero más o menos, se trataba de una historia que me impactó: Un niño de familia rica, que acudía al colegio en coche; lo llevaban trabajadores de su casa; llevaba cazadora de marca; unas deportivas, distintas a las “tórtolas” que llevaban la mayoría; tenía el plumier con más lapiceros de colores que nadie. Lo peor es que coincidía con un déficit muy acusado de “educación para la ciudadanía”. Más o menos, ese era su semblante.

Y para mayor INRI era el dueño del balón con el que jugaban al futbol en el patio de recreo. De tal forma, que solo jugaban los que él quería; él organizaba, quitaba y ponía, y situaba a cada cual en el puesto de juego que consideraba más adecuado. Llegaba hasta decidir, si había sido gol o no; si había sido falta o no. Cuento o realidad, que nos podemos imaginar; víctimas o protagonistas del escenario; más o menos exagerado, pero una realidad virtual que en demasiadas ocasiones se hace real; entre chicos de colegio, o entre personas mayores, con el mismo perfil y similares circunstancias. En el colegio, en la calle, en el trabajo, en la política.

No es una caricatura; no tiene rasgos acusadores; lo estamos viendo en la política. Más o menos localizada, más o menos extendida, pero la vemos en toda su crudeza. Una realidad que se contagia. Se contagia como una pandemia. Y por el camino van dejando imitadores, seguidores que lo aplauden hasta la saciedad. Pobres imitadores que aspiran a ser como el original. Aunque no valgan para eso, pero lo desean; aunque no tengan ni las zapatillas, ni el plumier, ni el balón. Pero están convencidos de que, sin tener nada de eso, pueden llegar a ser como ellos.

Ni el niño rico, ni sus imitadores, llegarán a ser líderes de una colectividad, porque el liderazgo es para dirigir, -sí-, pero también para solucionar los problemas de los demás. Si solo ha pensado en su motivación, porque se cree superior, y más poderoso, flaco favor hará a la sociedad. No es mejor el más rico, sino el que mejor sabe administrar la riqueza de todos. Y si la sociedad le permite que dirija guiado por la ley del más fuerte, esa sociedad terminará siendo la perjudicada. ¡Ah! Se me había olvidado: aquel niño se llamaba Donald Trump, y sus imitadores no los cito porque ocuparía mucho espacio. Si lo permitimos seremos los dañados y los culpables.

http://juliocasarrubios.blogspot.com

El niño rico