La palabra “Solastalgia” aún no está incluida en el diccionario de la Real Academia de la Lengua. Pero ya empieza oírse, como un matiz del término nostalgia. La aparición de fenómenos destructivos obliga a diferenciar lo que es un recuerdo de algo que existió, y que dejó de utilizarse por viejo e impracticable, o simplemente porque nos trasladamos a otro lugar y lo recordamos con “nostalgia”. Es un sentimiento muy profundo, difícil de borrar. Un sentimiento, con mucho afecto por lo disfrutado; pero sigue ahí; y podemos rememorar de forma presencial tal como era. O mejorada.
Muy distinto de la sensación inigualable por desolación, por destrucción. Los incendios, cada vez más devastadores añaden a la nostalgia de lo que teníamos, que se ha destruido. No, que nos hemos separado de ese paisaje, de ese nuestro hábitat. No. Es que ha desaparecido; es que tardaremos años en volver a él, si es que volvemos a verlo. Porque puede que caigamos en la inercia de abandonar su reconstrucción con la misma desidia que olvidamos su prevención. Está destruido.
La situación es de lamento; la situación es de tristeza; pero lo peor es que se ha convertido en una situación de debilidad. ¿Qué hacemos? ¿Qué se hace? Los incendios han pasado a la normalidad de la misma forma que llega el verano o que llega el invierno; que llega el frío o que llega el calor. La nieve y el fuego se han convertido en algo que inexorablemente llega periódicamente. Así de natural. Eso se llama conformismo; y el conformismo trae desidia, trae abandono. Pero desgraciadamente trae algo más. Los incendios como otras muchas circunstancias son aprovechadas para tirarse los platos rotos a la cabeza y no dedicarse a su solución. Un arma de ataque y no un problema a resolver.
El negacionismo, tan de moda, lo justifica con el argumento de que es inevitable: el verano, el calor, los rastrojos, un cristal roto, una colilla de cigarro, un rayo… Sí. Pero no dicen que sí se puede evitar el hecho de que cada año el resultado devastador, sea cada vez mayor. El efecto del cambio climático, la limpieza, los cortafuegos, la preparación de personal y medios, las zonas abandonadas…. Todo eso si puede mejorarse; y sobre todo, tener la voluntad política de sentarse, estudiar, analizar, debatir, consensuar y poner en marcha soluciones.
