“¿Qué no daría yo por empezar de nuevo?” Así comenzó José Luís Perales una canción que, convertida en bulería por Rocío Jurado, se vuelve en una pregunta a corazón abierto. Por empezar de nuevo…y decir más veces `gracias´ por tomarte el desayuno caliente de todos los días. A lo mejor era mi deber preparártelo, pero gracias, de cualquier forma, por el privilegio de poder verte estrenar la leche y las galletas como si estuvieran recién inventadas para tu hambre pequeña.
Empezar de nuevo y jugar más veces a seguir los caminos de un hormiguero y, con las cabezas pegadas, perseguir a la misma hormiga hasta su entrada, y el tiempo parado cada tarde, esperándonos a las dos. “Comenzaré mis círculos con vuestra orden y con el permiso de la hierba” parecía decir el reloj. Y después comer manzanas haciéndonos pendientes con las cerezas.
Por empezar de nuevo y mirarte viéndote y darte abrazos de los de abrazarse y apartar los días tuyos que tuvieran témpanos ¿Qué no daría yo por empezar de nuevo y volver a abrigarte sin que te dieras cuenta ni a cuenta de nada?
Empezar de nuevo y decir más veces `no´ a la duda simplemente avanzando, cogiéndote la mano y continuar el camino correcto. Decir más veces `no´ a los recuerdos malos, como cuando jugábamos a tirar piedras por tirarlas y dejarlas donde caigan. Decir más veces `no´ al desafecto e inventarme los abrazos desde el sótano del corazón y quedarme pegada a tu olor incondicional.
¿Qué no daría yo por empezar de nuevo? Y volver a oír la risa de estar todos juntos en un campo amarillo con rayas, -como tú decías- y explicarte que después de amarillo, el campo se volverá rojo y después verde y que siempre estará bien. Poder volver a explicarte que el agua no vuelve otra vez al grifo cuando se marcha por el lavabo “¿Entonces dónde va?, ¿se muere?” me preguntabas, “no el agua no se muere, se va al mar a esperarnos” y te quedabas tranquila. Empezar de nuevo y, sentadas en el patio, volver a oír tu pregunta “¿qué es lo contrario de dos?” y la risa de los demás cuando te contestaba “lo contrario de dos es la mitad”. Encontrar la lógica de la poesía en una tarde simple. Empezar de nuevo y verte otra vez recostada junto a él, segura, tranquila, cómplice, amable. Y escucharte cantar la primera vez. Y reírte la primera vez.
¿Qué no daría yo por empezar de nuevo? A decir verdad, no podría dar nada a cambio de empezar de nuevo porque te lo dejé dado todo. Jugar a hacer obispos con las amapolas y enseñarte a ver la lentitud de los gusanos de seda. Poder enseñarte que el dolor de querer es un dolor bueno. De verdad empezaría de nuevo, contra la fatalidad de los relojes, no sea que entre guerra y guerra no puedas volver a tomar mi desayuno caliente. No sea que por mirar atrás no recuerdes lo único cierto del presente.
