De repente, sin advertencia previa, una masa de varios miles de marroquíes ha saltado la frontera entre Marruecos y Ceuta generando la idea de invasión y, de paso, poniendo en entredicho la soberanía efectiva sobre un territorio que tanto españoles como marroquíes consideran domicilio propio. Hay que tomar buena nota de que los que «invadían» Ceuta daban vivas a España y pedían casa y trabajo y que no hubo ningún enfrentamiento violento con la policía de cada bando.
Los fallecidos contabilizados procedentes de la parte marroquí habían muerto por no saber nadar y por no recibir a tiempo la ayuda necesaria. Sin embargo, se ha estado jugando con la idea de que España estaba siendo atacada en su integridad nacional. Inmediatamente surgieron españoles que acusaron al Gobierno de no estar a la altura de las circunstancias, tanto en su política exterior como en su capacidad militar de defensa y buscaron en la historia de las conflictivas y manipulables relaciones hispano- marroquíes la explicación del conflicto, que también se adjudicó a la intervención mafiosa de criminales dedicados al contrabando de humanos.
Lo curioso es que nadie ha explicado convincentemente cómo unos miles de personas pueden creer que podrán colarse por una frontera sin que ninguna policía lo advierta con la debida antelación y lo impida aplicando los recursos propios del caso. Sin embargo, parece que las «masas invasoras» fueron convencidas de volver a Marruecos. ¿Quién y con qué argumentos convenció?
Mientras unos hicieron cola para volver a Marruecos, unos exaltados vinculados a la extrema derecha española se presentaron en Ceuta dispuestos a representar un teatrillo de heroicos defensores de nuestras ciudades (autónomas, dicen para más coña).
Es ahí cuando se ha producido una reacción inesperada que nos aporta esperanza: Frente al grupo nazi exaltado se ha producido una reacción sociopolítica en la ciudad y un grupo suficientemente representativo de las progresistas ideas que manifiestan, ha plantado cara a los fascistas y los ha invitado a abandonar la ciudad.
Es el momento de saludar el coraje de los ceutíes que han manifestado tan encomiable opinión. Podemos estar orgullosos y aliviados. Tenemos las ideas claras y la capacidad de defender un estilo de vida que no se deja manipular ni con intrigas ni con mentiras.
