La dictadura franquista
Terminó la dictadura. Sí. Y empezó la democracia. Sí. Pero, ¿somos conscientes del cambio en el que nos hemos embarcado? ¿Nos hemos preocupado de estudiar, de pensar, de discutir, el cambio de vida en nuestro devenir diario? ¿Tenemos presente en todo momento lo que ha sido la dictadura? ¿conocemos las diferencias? ¿Tenemos presente como vivían las mujeres, los hombres, los chicos y chicas, antes de disfrutar de una democracia? ¿Prodigamos en nuestras conversaciones qué es la democracia? ¿La defendemos en nuestra actitud diaria, en el trabajo, en la familia o en el bar cuando estamos hablando y tomando un vino?
Hemos celebrado los cincuenta años de la muerte de Franco. Sí. Pero de qué nos sirve si lo reducimos a oírlo en las noticias mientras comemos. No ha existido relato alguno de lo que significó el franquismo en España, en nuestras vidas, personales y colectivas, en la economía, en el trabajo, en la convivencia, en nuestra proyección en el presente y en el futuro. La sociedad ha estado apartada de un NODO que nos enseñe una realidad, vivida, sufrida, durante años. No sabemos su origen, no hemos estudiado por qué se implantó, y las consecuencias que tuvo.
Javier Cercas dijo: “No sé qué demonios estamos celebrando”. No tiene sentido una celebración que miramos con indiferencia. No es sincera una celebración si no va acompañada de la aceptación o el rechazo rotundo. Pero, para ello es necesario conocerlo. Transcurridos los cincuenta años, parece anidar en ciertos sectores una sensación de desconocimiento, o al menos un deseo por conocer los hechos y sus consecuencias. Y peor aún, los sectores que aprovechan el desconocimiento y el desinterés para ir insuflando la idea de que la dictadura no fue tan mala.
Esta celebración la hemos dejado pasar sin un estudio profundo y sereno de lo que fue. Y no basta con que uno solo en su habitación, con periódicos y libros se empape del tema. No. Es necesario e imprescindible una proyección a la colectividad. Es un problema colectivo; no es “solipsista” como se atreven a calificarlo algunos filósofos. Insisto: Debemos extender la necesidad de un debate público y colectivo en el que intervengan todos los medios, todos los niveles sociales, y todas las formas de pensar. Si no lo hacemos así corremos el riesgo de volver a ella.
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