viernes. 26.04.2024
Luis Romero de Ávila Prieto
Luis Romero de Ávila Prieto

Luis Romero de Ávila nació en La Solana hace 69 años; el arte le fluye por todas partes y su vida tanto personal como profesional ha girado siempre en torno a diferentes facetas artísticas, es fotógrafo, técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño Gráfico; director de escena de la Compañía Andrés Uriel y vicepresidente de dicha asociación, a la vez es tenor cómico de la misma, con la que ha estrenado ocho zarzuelas y ha intervenido en varias ocasiones, a nivel profesional, representando importantes zarzuelas en compañías de prestigio. Escribe desde siempre, y tiene publicados varios poemarios, su obra poética figura en diferentes antologías y tiene en imprenta un libro donde combina sus tres pasiones, la poesía, la fotografía y La Solana. Es miembro cofundador y forma parte de diferentes colectivos culturales, algunos de ellos de gran prestigio, como Quintería, Pan de Trigo o la Asociación Cultural Amigos de la Zarzuela, a la que pertenece desde su comienzo en el año 1983.

En nuestra entrevista descubrimos un poeta que su niñez “está a la vuelta de la esquina”, que persigue la paz y necesita tenerla a su lado para “conquistar un trozo de alegría”, confiesa que sigue “siendo el mismo de ayer” y no duda al afirmar que “vivir es aportar una ilusión nueva a cada momento, abrazar el instante, inventar eternidades, amar y escribir el poema más hermoso que nadie ha podido escribir en la página del tiempo”.

Si le parece, comenzamos la conversación por su infancia. Háblenos de esa etapa.

Mis recuerdos de la infancia siempre se convierten, al pensar en ellos, en una fuente de luz grande y hermosa.

 Perseguía el horizonte, al ver su línea en la lejanía yo pretendía tocarla con mis manos. Son instantes que todavía siguen en mi mente como momentos que ocurren hoy mismo.

Nunca he sido soñador, me ha gustado la realidad de la vida, abrazar las cosas y sentir su presencia; tener contacto con la naturaleza era mi pasión, sigo aún buscando el tiempo alrededor de lo más sencillo del mundo.

Mi niñez está a la vuelta de la esquina, parece que los días se han quedado suspendidos en mis ojos, por eso precisamente sigo observando la magia del ayer.

Hablar de la infancia, es volver a decir “madre”, y en su mirada descubrir el universo que a su lado conquistaba cada día. Si miro hacia atrás, puedo ver la sonrisa de sus ojos, y presiento su paz al lado mío.

Hablar de infancia, es volver a descubrir que mis abuelos nunca vieron mis juegos infantiles, y que ese cariño compartido se quedaba en la mente, buscando un porqué que no entendí nunca.

Mi infancia es alegría, son mis padres, los hermanos, la escuela y los amigos, la feria, los juegos del ayer: la pícula, la ronda, el sobre cuántas, a la una y a la mula, los monitos, las canicas, el gua, la colección de cromos…..

Mi infancia sigue ahí, gira y gira, es palabra y recuerdo, es una sonrisa eterna.

¿Qué persigue ahora?

Sigo persiguiendo la paz, la paz era, y es mi obsesión, no quiero alterar el mundo con voces que rompan la armonía.

Ser feliz es el deseo que me guía, no necesito nada más que paz a mi lado para conquistar un trozo de alegría.

Busco la inmensidad de un camino por donde podamos pasar todos, no me basta con ser yo el único que pueda sonreír, quiero hacerlo con todos, y todos juntos llegar a la meta que nos hemos marcado en la vida.

¿Qué ama más?

El amor no tiene límites ni puede marcarse líneas para llegar a su lado. Se ama todo lo que se tiene, porque cuando en la vida vamos haciendo el bien, aquello y aquellos que nos rodean, se hacen fotocopia exacta de nuestras inquietudes.

Existe otro amor, nuestros amores, que están impregnados de nosotros mismos, es nuestra pareja de vida, nuestros hijos y unas almas pequeñas, que son nietas y nietos y siempre dejan el último beso grabado en nuestras mejillas.

¿Cómo le cogió el gusto a la poesía? ¿Por qué escribe?

La poesía jamás ha estado fuera de mí, nace con los poetas y va creciendo poco a poco, hasta enseñarnos su rostro, que siempre nos llega con los primeros amores; luego se enlaza a la realidad de la vida y en una explosión personal, cuidamos sus aristas y le damos la forma particular que cada poeta quiere tener en su verso.

Escribo para vaciar los sentimientos, es la necesidad que tienen todos los poetas de llegar a plasmar algo suyo reflejado en un papel.

¿En qué cosas está más cerca y en qué cosas está más lejos del poeta que era de joven?

La mente no tiene edad, y allí se han quedado todos los recuerdos agrupados año tras año.

Sigo siendo el mismo de ayer, la lejanía no existe en la esencia de la humanidad, porque aquello que fuimos es un poso que fermenta a cada instante, un equilibrio en las edades del hombre, es un seguir la estela de nuestras inquietudes, para al final de todo volver a ser niños una vez más.

¿Qué dimensión le da la poesía al ser humano?

La verdad, es que en muchos casos se queda sin dimensión, el abrazo de un poema tendría que vestirse de largo a cada instante, salir a calle orgulloso de haber conseguido salvar al mundo.

La poesía es belleza elevada al séptimo cielo, y la lluvia de versos que provoca, hace que el mundo se empape con su esperanza.

Las musas de la vida intentan tocar con sus sílabas de vida cada sentimiento que habita en los corazones de los hombres y mujeres, y todo el mundo lleva un poema por escribir en el último minuto.

Usted va a participar en el próximo encuentro de poetas cuyo lema es Palabras a la muerte. Antes de este encuentro, ¿se colaba la muerte en sus poemas?

La muerte siempre se encuentra entre nuestros versos, es parte de la vida, prolongación exacta de un nacimiento que tiene un principio y un final.

Sí, la muerte y la vida juegan alrededor de los poemas que escribo, es el resultado de vivir, sabiendo que habrá un final cualquier día para nuestro destino.

Nuestro pensamiento no quiere eludir esa parte sagrada que la historia nos ofrece, vida y muerte.

En cierta ocasión escribí:

Mi muerte conmigo va, / se vino cuando nací / y no la puedo dejar / porque es mi compañera / de viaje al más allá.

¿Se siente más cerca de la muerte o de la infancia?

En la pregunta anterior, digo, que la muerte es compañera del viaje hacia otro cielo.

Estamos en líneas paralelas y caminamos de la mano, unidos, sin mirar el trecho que llevamos andado, ni el camino que nos queda. La ventaja que tiene la infancia es que se hace recuerdo cada día, y la muerte siempre será un mundo por descubrir.

¿Qué es para usted la vida?

La vida lo es todo, sin ella no podríamos encontrar sentido a la muerte. Vivir es aportar una ilusión nueva a cada momento, abrazar el instante, inventar eternidades, amar y escribir el poema más hermoso que nadie ha podido escribir en la página del tiempo.

¿Qué es para usted la muerte?

La muerte es el espacio del todo. En ella se encuentran mis seres más queridos, mis padres se hacen muerte cuando fueron vida, y en ese recuerdo multiplicado por mil, habito cada día, me entrego sin cesar al cerrar los ojos, a la imagen de sus besos.

¿Qué le duele más de la muerte?

Nada, es un símbolo de luz que ha de llegar más tarde o más temprano. Me basta con descubrir sus ojos de asombro en cada anochecer, y en el espacio del mundo, donde todo desaparece, siempre ha de quedar un verso que hable del poeta que pasó por la vida.

Luis Romero de Ávila: “La poesía es belleza elevada al séptimo cielo”