viernes. 24.05.2024
Fotos Prudencio Morales (3)
Fotos Prudencio Morales (3)

El Auditorio Francisco Nieva llenó prácticamente su aforo en una nueva y exitosa edición del Festival de Arte Flamenco de Valdepeñas, una cita imprescindible de la cultura valdepeñera. El preludio lo puso la instructiva masterclass que ofreció el bailaor Rafael del Pino Keko unas horas antes, en la que las alumnas participantes pudieron disfrutar de las mejores enseñanzas por soleá y por tangos del artista y docente  cordobés.

Se había hecho esperar el debut de Ezequiel Benítez en Valdepeñas y a buen seguro que mereció la pena la espera. El jerezano, que se encuentra en un momento pletórico, nos deleitó con un recital de excepción. Acompañado por la impecable y talentosa guitarra de Paco León y las palmas de Tate Núñez y Naim Real, comenzó cantando por tientos y prácticamente ya tenía al público metido en el bolsillo.  Ezequiel se ha convertido en un cantaor singular, con un sello propio inconfundible, que destila arte, simpatía y bondad a partes iguales, siendo sus letras parte fundamental de su éxito, pues conectan con el público de forma inmediata. Alegrías, una soleá de antología, una preciosista composición de cantes de trilla, malagueñas, la segunda a ritmo, fandangos y bulerías, en las que derrochó todo su arte por el escenario, completaron un recital sublime que no dejó indiferente a nadie.

Las apariciones de Julián Estrada por la ciudad del vino se cuentan por triunfos absolutos desde que hace casi treinta años consiguiera aquel celebrado premio Viña Tinta. Y aunque esta vez no se esperaba menos, resultó ser una noche todavía más especial si cabe.  La atmósfera del teatro se transformó desde que los primeros acordes comenzaron a sonar para crear un ambiente mágico, manteniéndose el hechizo de principio a fin.

Resulta difícil destacar un nombre o un momento del espectáculo ofrecido. La estratosférica guitarra de D. Manuel Silveria, la fascinante viola de Rosa Guerrero, las impecables palmas de Richard Gutiérrez y Alberto Parraguilla, la acertada percusión de Vampi, el portentoso baile de Rafael del Pino y la imperial voz de Julián Estrada se conjugaron para hacernos disfrutar, como siempre y como nunca, de una exhibición grandiosa.

Recorriendo mayoritariamente los temas de su último trabajo discográfico, la letra por  toná dio paso a la siguiriya, para continuar por farruca, soleá (dedicada al alma máter del flamenco en Valdepeñas, Ramón Rosales), malagueña y abandolaos, alegrías, granaina y media, tangos y bulerías de Cádiz, con la participación estelar de Keko en el primer y en el último pasaje. Los fandangos naturales y de Huelva pusieron el colofón a una noche, insistimos, inolvidable, que resonará mucho tiempo en nuestra memoria.

Fotos Prudencio Morales (2)
Fotos Prudencio Morales (2)

Otra noche de flamenco única e irrepetible